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La belleza es un tema que ha fascinado a la humanidad durante siglos. A menudo, se ha debatido sobre la siguiente pregunta:

¿Las cosas son bellas porque nos dan placer o nos dan placer porque son bellas?

Durante una conferencia que asistí, el doctor en matemáticas José Manuel Rey explicó algunas ideas científicas sobre las causas y efectos sociales de la belleza humana.

Según Rey, la construcción de la belleza no es solo una cuestión de contexto y cultura, sino que también hay un aspecto universal mucho más profundo y arraigado.

Se han realizado experimentos en los que se le mostraban rostros occidentales a una persona de una tribu del Amazonas, y normalmente escogía la persona que por lo general en occidente, reconoceríamos como más bello.

Incluso los bebés, que todavía son un bloque de madera sin tallar, tienen la esencia intacta y se quedan mirando durante más tiempo a aquellas personas que los adultos definiríamos como más bellos. Entonces, ¿cuáles son esos atributos universales? ¿Qué nos hace objetivamente más bellos?

Atributos universales de la belleza

Durante la conferencia, se habló de la simetría y del promedio, pero quiero hacer especial hincapié en algo que me llamó la atención y mi cabeza automáticamente relacionó con uno de los capítulos del Tao Te Ching.

Según estudios y estadísticas realizados con personas que sienten atracción hacia personas del sexo opuesto, un hombre suele fijarse en una mujer con grandes ojos, cejas finas, frentes grandes, mejillas redondeadas, labios llenos, narices pequeñas y barbilla pequeña. La perfecta definición de una princesa Disney.

Por otro lado, las mujeres se fijan más en hombres con mandíbula marcada y cejas gruesas, pero con un toque, y ese toque es algún rasgo femenino.

El ejemplo que nos puso José Manuel fue Gastón de la película La Bella y la Bestia, un tipo más rudo, se podría decir con mayor testosterona, los cuales se suelen preferir para una corta estancia.

En cambio, si ya se busca formalizar una relación para largo plazo, nos puso el ejemplo de Adam (la bestia cuando se convierte en humano al final de la película), donde también tiene esa mandíbula marcada, esas cejas gruesas, pero tiene unas facciones un poco más femeninas.

La sabiduría taoísta y la importancia del lado femenino

La filosofía taoísta siempre ha tenido en cuenta el balance, el equilibrio, el alimentar ambas energías, pero siempre le da un poco más de importancia a la parte yin, la parte femenina.

El yin es flexible, dócil, receptivo, cooperativo. Hay varios capítulos del Tao Te Ching que nos brindan esta sabiduría, como en este pequeño extracto del capítulo 28:

Conoce tu virilidad
y conserva tu feminidad.

De igual forma, pero en otras palabras, lo podemos encontrar en el capítulo 78:

Nada en el mundo es más dúctil
y débil que el agua.
Pero en su embate contra lo duro y rígido,
nada la supera.
Lo débil vence a lo fuerte;
lo dúctil vence a lo duro.

Cultivar más nuestro yin

Vivimos en una sociedad que nos exige estar en constante actividad, y eso puede llegar a ser muy agotador.

En este contexto, es importante buscar formas de cultivar nuestra energía más femenina, la energía yin, que nos permita encontrar la calma y el equilibrio que necesitamos para enfrentar el día a día.

Una de las maneras de cultivar esta energía es a través de la meditación y la práctica del mindfulness. Estas técnicas nos permiten conectarnos con nuestro interior, con nuestras emociones y pensamientos, y nos ayudan a encontrar paz y serenidad.

Otra forma de nutrir nuestra energía yin es por medio del cuidado de nuestro cuerpo y salud. Incorporar ejercicios suaves como el tai chi, el chi kung, o cualquier otro que te haga sentir bien, nos permite conectar con nuestro cuerpo y emociones. No obstante, es importante no olvidar la importancia del ejercicio yang, que incluye actividades de fuerza, potencia y cardio para aumentar nuestra longevidad.

Además, es importante dedicar tiempo a actividades que nos gusten y que nos hagan felices, como leer, escuchar música, pintar, pasear al aire libre o la que prefieras. Estas actividades nos permiten desconectar de la rutina diaria y disfrutar del momento presente, lo que nos ayuda a relajarnos y a sentirnos más tranquilos y en paz.

En definitiva, cultivar nuestra energía más femenina, la energía yin, es esencial para encontrar el equilibrio y la calma que necesitamos. Además, este artículo podría tener beneficios inesperados, ¡quién sabe, tal vez incluso te ayude a ligar más!

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